IV Festival de Performance
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Las Malas Amistades (Humberto Junca, Manuel Kalmanovitz, Teddy Ramirez, Freddy Arias, Wilson Diaz)
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Texto escrito por Humberto Junca Texto escrito por Manuel Kalmanovitz En esas épocas -tan lejanas, tan presentes- la idea era reunirnos a tocar sólo canciones nuevas. Durante años seguimos así, sin cambiar la práctica, porque nadie nos invitó a nada. Éramos más insulares que Providencia. Sólo nos conocían nuestras familias y unos pocos amigos. Uno de esos amigos era Wilson Díaz, quien en uno de sus viajes a Bogotá por razones artísticas pasó por uno de los ensayos y se cantó tres o cuatro cancionsazas. Y, sobra decirlo en esta exposicion, Wilson es uno de los motores del Festival de Performance. Así que está claro: llegamos al festival por pura palanca. Pero la palanca no fue tan grande como podría parecer. Habíamos sacado un disco que nos hizo ligeramente menos insulares. Se habrán vendido unas 300 o 400copias a gente que no conocemos, algunas de ellas en Cali. Así que un día Wilson sugirió que sería chévere vernos en vivo, que había gente interesada en vernos tocar. Y que el festival de performance sería un escenario perfecto. La idea fue tan extraña para nosotros que en el primer instante no supimos que hacer. Confundidos por una proposición que no esperábamos, tuvimos que sentarnos a pensar y a responder varias inquietudes. 1.¿Debíamos sucumbir a las presiones y dejar de lado el método de trabajo que tan buenos resultados Los organizadores habían quedado de conseguirnos una guitarra y una batería, así que no hubo necesidad de cargar con eso. Nos repartimos por distintas casas. El día del concierto tuvimos media hora para cuadrar volúmenes y los ánimos empezaron a caldearse. La misma mala amistad que le había dado la espalda al público en Bogotá se veía tenso y neurótico. Los demás estaban más relajados porque sabían que si todo salía mal podían decir que era una performancia. Si no éramos músicos, al menos éramos artistas. Llegó la hora y el tipo este tan neura se calmo en un instante. Y todo estuvo bien. Sonaba pésimo, como si tocáramos en una caverna, pero nadie se quejó. La mayor parte de la gente iba y venía y hablaba y bostezaba, pero nosotros sabíamos que lo estábamos haciendo bien. Tocando juntos en La Tertulia logramos algo parecido a la armonía y energía que habíamos conseguido en años de ensayos caseros. Todos sonreíamos. El público no sabía qué hacer. Cuarenta y cinco minutos después todo había terminado. Éramos una leyenda. Ya hacíamos parte de la historia del Festival de Performance de Cali.” |
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